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 ¡Hola, amigos!
Gracias por visitarme. Espero que encuentren cosas entretenidas en este lugar. Tal vez les interese saber quién soy...

Nací hace varios años en Colonia del Sacramento (Uruguay), pero vivo en Montevideo. Mi mamá y mi papá me eligieron el nombre de María Gabriela, pero todos me dicen Gabriela o Gaby. Pasaron los años, fui creciendo, pero todavía me gustan muchas cosas de cuando era pequeña; por ejemplo, leer y escribir cuentos y novelas para niñas y niños, dibujar y contemplar ilustraciones infantiles, ir al cine a ver películas para chicos y no tan chicos...

Me encanta el verano y también los días de lluvia y tormenta. Disfruto de la naturaleza y de la gente, los amigos y la familia. Me gusta mucho comer todo tipo de ensaladas y odio la polenta con tuco. Espero que les guste éste, mi lugarcito.

Besitos,

Gabriela

 Escribiendo para niños    Carta a los niños
Hace ya unos años, en una reunión de esas que solemos hacer los maestros junto a los padres al inicio del año lectivo, hablé sobre la importancia de iniciar en 4º año a los niños en técnicas de estudio. Entonces surgió una pregunta muy común: ¿Qué actitud tomar frente a un niño que se niega a leer? En esa oportunidad hablé del placer por la lectura, del valor que tiene para los niños ver a sus padres leyendo, de la importancia de leer con ellos, etc, etc. Pero pese a las respuestas que di en el momento, la pregunta rondó por mi mente por mucho tiempo. Entonces intenté realizar una mini encuesta entre los niños de mi clase, preguntándoles por qué consideraban ellos que era importante leer. Las respuestas que me dieron las consideré tan jugosas que no pude menos de reírme pese a la alarma que me causaron:


- Para que salga rápido de la escuela, también cuando crezca me va a servir, yo cuando crezca quiero ser abogada, pero si no sé leer va a ser imposible.
- Porque si no, no sabemos escribir ni aprender.
- Porque si hay una señal que dice “Derrumbe” y entrás a esa casa.
- Es importante porque en 4º año y en 5º te preguntan para leer.
- Para funcionar la vista y aprender a escribir.
- Para aprender a no tener faltas de ortografía.
- Porque es muy importante para aprender
- Es importante porque aprendés muchas cosas nuevas que tendrías, que no estás preparada para aprender.
- Porque no sabrías escribir y tomarías el ómnibus mal, etc.
- Si tenemos que leer un cuento, y sabemos de qué se trata.
- Porque aprendés a escribir sin faltas y a hablar bien.
- Porque nos sirve y si hay una cosa importante para leer, por eso es importante.
- Para sacar información.
- Porque te ayuda a aprender leyendo libros y revistas.
- Es importante para aprender y estudiar.
- Porque si no, no supiéramos escribir, como estamos escribiendo ahora.
- Porque nos ayuda a informarnos, y si no supiéramos leer no sabríamos leer las instrucciones del tránsito y habría muchos accidentes.
- A mí me sirve leer para aprender cada día más, para saber estudiar, para guiarme cuando sola.
- Para saber estudiar y para aprender.
- Porque si no, no podríamos comprar los comestibles como fideos, franfrutes, polenta, y no podríamos saber los nombres de cada uno.


Estas respuestas me evocaron una vez más mi niñez:
Tendría yo unos ocho años y mi madre, ávida lectora desde sus primeros años de escuela, estaba alarmadísima frente a la apatía que mostraba la segunda de sus hijas frente cualquier hoja que no tuviera impresa otra cosa que no fueran coloridas imágenes. Con intenciones de revertir esta situación, mamá me compraba libros de todos los formatos, tamaños y presentaciones, libros con letras grandes o pequeñas, con textos largos y textos cortos y con los más variados argumentos adecuados (a su criterio) para una niña de mi edad. Pero todos, absolutamente todos los libros adquiridos, corrían la misma suerte: Yo los miraba, hacía un esfuerzo por satisfacer el deseo materno de formar una hija “educada”, leía una o dos hojas, y luego se apoderaba de ellos mi hermana mayor, quien hacía ya largo rato había descubierto que los libros eran mucho más que simples letras impresas.

Yo sentía, a mis ocho años, algo similar a lo que sentían los niños que me dieron aquellas respuestas. Debía leer para satisfacer el deseo adulto de formar un ser culto, aplicado, instruido, etc. Lo que yo aún no había descubierto era el placer por leer; y lo que mi madre no sabía por aquel entonces, es que no era ella quien debía elegir qué libros debían gustarle a una niña de ocho años, sino que era yo quien debía descubrir el saborcito de los manjares que existían, con los ingredientes y condimentos que más me apetecían.

Y los descubrí. No recuerdo exactamente qué edad tenía, pero los descubrí: autores como Mark Twain, Edmundo de Amicis, Julio Verne pasaron a integrar mi lista de favoritos....
Ahora que descubrí también la fascinante tarea de escribir para niños, creo que lo hago pensando en la niña que fui, en las historias que buscaba a mis ocho o nueve años, y que no encontraba. Junto a mí, mujer adulta, están la niña que fui y la niña que hoy llevo dentro. Aclaro que mis dos niñas son algo diferentes entre sí, pero entre las tres pensamos aquellos argumentos que buscaba y no encontraba en mi infancia: aventura, misterio, suspenso, emoción, humor, todo mezclado con cierta dosis de ternura.
La niña que fui viaja al presente y se alegra, la niña que soy colabora con mi yo adulto y las tres nos divertimos construyendo aventuras, historias y personajes. Y así nacieron Martín, Pachi, Micaela, Juanjo, Lupe y todas las aventuras que vivieron y continuarán viviendo. Muchos niños que conozco, alumnos, sobrinos reales y sobrinos postizos colaboran con estas historias. Muchas veces son ellos, quienes con otros nombres hablan, hacen comentarios graciosos o cometen más de una picardía. Yo no escribo sola; ellos están siempre conmigo.


  Queridos niños:

“Yo vivía en el monte muy contento
caminaba y caminaba sin cesar,
las mañanas y las tardes eran mías
y a la noche me tiraba a descansar.
Pero un día vino el hombre con sus jaulas...”*

No se confundan, queridos niños, no soy un oso, pero yo también quiero reivindicar a mi raza.
En primer lugar me presentaré: me llaman tigre americano, jaguar o yaguareté (ustedes me conocen por los cuentos de Horacio Quiroga). Con el nombre de yaguareté nos “bautizaron” los indios guaraníes, y significa “cuerpo de perro” (yaguar = perro y reté = cuerpo) pero me ofende que me confundan con los caninos; en todo caso preferiría que nos llamaran “cuerpo de gato”, pues somos felinos.
Pero más allá del nombre (queda claro que me gusta que me llamen jaguar) habrán visto que esta página también está manchada de sangre. Y quiero dejar bien en claro que no es sangre de un animal que cacé para alimentarme. Es mi propia sangre. Pero no se preocupen, sobreviviré. Me habían hablado de rifles, balas y cazadores, y lamentablemente me llegó el momento de conocerlos más allá de los cuentos; me llegó el momento de conocerlos en vivo y en directo.
Pero ya les dije, no se preocupen que sobreviviré.
Bueno, queridos niños, me gustaría que entendieran el significado de la palabra “sobrevivir”. Desearía que entendieran que en este momento me estoy refiriendo al hecho de salvarme de la muerte, pero eso no es lo más importante. Lo más importante es que sobreviva mi especie.
Y desgraciadamente en vuestro país hace más de un siglo que hemos desaparecido. Nuestra especie desapareció. Nuestra especie se extinguió. ¡SE EXTINGUIÓ!
Para muchos humanos fuimos considerados enemigos. No les miento. No es mi intención engañarlos. Nos alimentamos de carpinchos, yacarés y grandes animales (lamento atemorizarlos pero la especie humana también es alimento para nosotros). Ya ven... No los engaño. Pero tampoco los engañaré en lo que les contaré a continuación.
Siento que para poder saciar nuestra hambre, otras especies tengan que morir. Quizás ustedes también lamenten que mueran vacas, pollos, peces... Es la ley de la vida.
“Cadena alimenticia” creo que le llaman los hombres. Pero yo les aseguro que jamás maté a nadie por diversión. Jamás maté a alguien para disfrutar de mi superioridad, y jamás maté a alguien para disfrutar del sufrimiento ajeno.
Bueno, dije que les contaría algo a continuación. Escuchen... es cierto aunque les cueste creerlo. Algunos humanos han muerto por nuestra causa, pero son muchos más los humanos que han tomado a nuestra especie como diversión.
Sí, niños, créanlo. Hace muchos años existían en vuestro país los “tigreros”. En vuestro país y especialmente en Argentina y Paraguay.
¿Saben de qué se trataba? Los hombres (gauchos les llamaban por aquel entonces) enrollaban su poncho en la mano izquierda y sostenían un facón en la derecha. Y así peleaban con mis ancestros, sólo por el hecho de divertirse. Sí, sólo por el hecho de sentirse superiores, sólo por el hecho de ganarse la admiración de sus congéneres y de disfrutar sus triunfos ante la agonía de mis antepasados.
¿No lo creen? Piensen un poco... Algo parecido ocurre en un lejano país llamado España. Pero allí las víctimas no somos nosotros, sino animales aún mayores en tamaño: los toros.
Bueno, ya les dije que yo no soy uruguayo; ni siquiera conozco el Uruguay. No les hablé del lugar dónde vivo. La gente lo llama el Matto Grosso, pero tengo parientes en toda América Latina.
¿Quieren saber por qué desaparecimos en vuestro país?
Les cuento lo que sé: hace muchísimos años, antes de que el hombre blanco llegara a las tierras donde ustedes hoy viven, vuestra región estaba poblada de ciervos, pecaríes, carpinchos. Pero un día llegó el ganado, proveniente de otras regiones. Ese ganado se multiplicó, y debieron alimentarse de las pasturas que servían de alimento a los venados, pecaríes etc. Entonces éstos ya no conseguían su sustento diario. Además el hombre los fue diezmando y al morir ellos, también nosotros perdimos nuestra comida.
Pero esto no fue lo peor, muchos de mis antepasados debieron emigrar, buscando otros lugares para vivir, donde abundaran animales de los cuales pudieran alimentarse. A esto las personas lo llaman “desplazar el habitat”. Pero algunos valientes quedaron. Sin embargo la valentía de poco les sirvió, porque experimentaron la terrible sensación que acabo de experimentar yo. Pero la diferencia fue grande, porque yo, como ya les dije, seguiré viviendo (al menos por algunos años más). Ellos no corrieron la misma suerte. Y mis últimos parientes uruguayos murieron en el departamento de Flores (¿lo conocen?), allá por 1890.
¿Me estiman un poco más ahora que conocen la verdad? Quisiera que lo entendieran. No los considero mis enemigos; la ley de la vida no creó al jaguar como enemigo del hombre, así como no creó al hombre como enemigo del ganado. Pero de algo estoy seguro: algunos hombres sí son enemigos del jaguar. Desearía que lo pudieran entender, así como también me gustaría que comprendieran por qué razón comencé mi carta como la comencé.
No me despediré diciéndoles “los quiero”, simplemente me despediré diciéndoles:
“Amen la naturaleza”.

Jaguar

*Estrofa del tema El oso, autoría Mauricio (Moris) Birabent.








 Con el lápiz y la voz
“CON EL LÁPIZ Y LA VOZ....” Surgió un mar de letras y floreció un cuento. "Con el lápiz y la voz..." transitando los caminos de la creación.

Junto con Dinorah López Soler, conductora de “Había una vez”, CX 26 Radio Uruguay Sodre estamos abriendo un segmento dentro de su programa, para darles un lugarcito a aquellos niños, niñas y a quienes están dejando la infancia, de poder difundir sus producciones. Sabemos que hay muchos lindos cuentos y poemas guardados en los archivos de las computadoras o en viejos cuadernos. Queremos conocerlos y dialogar con sus autores. Este espacio es para todos ustedes, que aman tanto leer como crear.
El funcionamiento es el siguiente: quienes deseen participar deben enviar sus cuentos (un máximo de tres y un límite de dos carillas de extensión por cada uno) a conellapizylavoz@yahoo.com.
Luego invitaremos a algunos autores (niño, niña o adolescente) al programa de radio. Queremos escuchar la narración o lectura de su cuento o el recitado de su poesía y conversar un ratito sobre qué lo inspiró y qué le gusta leer… Además muchos de las producciones que nos envíen los publicaremos en la web.

A los docentes:
La intención es que estimulen a los niños y difundan este pequeño proyecto... ¿No es cierto que muchas veces nos ocurre leer la producción de un niño y maravillarnos? Esta es una oportunidad de que estos valores escondidos salgan a luz, y además es una forma de estimularlos a seguir creando y superándose.”

¡Esperamos recibir muchos cuentos y tener muchos invitados en “Había una vez”!

Día y horario de emisión: Sábados, 19:00 hs.


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